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IGLESIA Y ESTADO / Apocalipsis Capítulo 18

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Como ya hemos leído o escuchado predicar muchas veces, el imperio romano se caracterizaba por su crueldad con nuestros hermanos cristianos, ya que eran perseguidos, tomados prisioneros y luego sacrificados en grandes espacios públicos donde concurrían las autoridades romanas y el pueblo romano para ver como morían en manos de las fieras, de las gladiadores, o también introducidos en grandes tinajas llenas de aceite hirviendo, o la famosa parrilla de hierro que estaba al rojo vivo, donde eran atados y morían con los dolores más terribles de imaginar, parte de estos tormentos y aún más crueles fueron utilizados también por la santa inquisición, en la mayor parte de Europa.


Cuando Constantino el grande se convirtió en emperador romano en el año 311 a la edad de 23 años, el imperio se encontraba en una gran corrupción moral, económica y militar, un imperio corrupto que no tenía muy buena imagen con el pueblo, los únicos que mantenían con claridad una imagen de integridad moral y seriedad ante el pueblo romano eran los cristianos.


Un año después de ocupar el cargo, Constantino como emperador, se hizo gran simpatizante del cristianismo, ustedes dirán como es esto ya que los cristianos fueron perseguidos durante mucho tiempo; esto era motivo por el respeto que tenían ante la sociedad, ya que mantenían en sus vidas las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo y las ponían en práctica, aunque esta forma de vida muchas veces los llevara a una muerte segura.


En el año 313 Constantino promulga el llamado edicto de Milán, otorgando a los fieles cristianos un lugar de igualdad y legalidad plena ante las distintas religiones paganas que existían en ese entonces, ya que establecía la libertad religiosa a todos los ciudadanos del imperio romano. También exime al conjunto de clérigos cristianos del servicio militar y de los impuestos a la propiedad. Entrega carta de libertad a los esclavos cristianos y entre otras anula costumbres paganas que se contradecían con los principios cristianos. Es de destacar la ley del descanso dominical, en otro intento de acercamiento a los líderes cristianas.


Constantino otorga a los Obispos de las iglesias cristianas grandes sumas de dinero para construir templos, inclusive expropia templos paganos adornados con piedras y metales preciosos para ser utilizados para la adoración del Dios de los cristianos.
Constantino ordena la construcción de monumentales edificios dedicados al culto cristiano, con la idea de darle una mayor gravitación a la competencia existente con los templos tanto judíos como paganos que se extendían en gran medida dentro de su imperio.
Llega a cambiar los nombres de muchas de las fiestas paganas que tenían larga tradición, por otros nombres con origen cristianos, que aún se mantienen en tiempos actuales.
Manda construir basílicas y santuarios, que se extienden mas allá de Roma llegando inclusive a Jerusalén y Belén.
Como colorario de este proyecto mundano, en el año 325 exhorta a todos los ciudadanos romanos a convertirse al cristianismo.


Si miramos cómo funcionaban las leyes del imperio romano, una de las más importantes era que todo el pueblo tenía la obligación de adorar al emperador en funciones de gobierno, y si tenemos en cuenta la diversidad de cultos paganos existentes en ese entonces, estamos en condiciones de afirmar que Constantino vendría a ser como el sumo pontífice de todos los cultos paganos del estado, y esta condición obligatoria también alcanzaba al culto cristiano.
Nos cabe preguntar qué pasaría por la mente de aquellos obispos que lideraban las iglesias cristianas en cuanto a la adoración del emperador Constantino, tenían ante ellos un imperio romano cristianizado y un emperador deseoso de ser el principal gobernante de la iglesia cristiana.


Seguramente recordarían los casi tres siglos de persecución a que fueron sometidos antes de la llegada de Constantino al poder, y los privilegios que les fueron otorgados muchos mayores que otros cultos paganos.
Estos antecedentes los llevaron a tomar una decisión, que fue de otorgarle al emperador Constantino una mayor participación en los asuntos de la iglesia cristiana y este pasó a ser un dirigente mundano en la casa de Dios, con un mal antecedente en las cosas de Dios, ya que ni siquiera estaba bautizado.


Esta relación Iglesia y Estado, dio origen a la contradicción de las enseñanzas bíblicas y más aún con la herencia de Cristo en cuanto como proceder con las autoridades públicas que son ajenas a su doctrina y al reino de Dios.
Los Obispos aceptaron involucrarse con el poder político y sus beneficios, y también la intromisión en los asuntos de la Iglesia.


Una de las decadencias de los dirigentes cristianos fue el introducir la adoración de imágenes paganas al culto de Dios, con la excusa que servían de edificación a los nuevos creyentes a través del recuerdo de los santos.
Muchos de estos nombres o “hombres y mujeres santos/as” que están actualmente en los altares, fueron tomados de las actas de los mártires cristianos, que llevaban ordenadamente las autoridades romanas antes de sus ejecuciones en los primeros siglos. Actas que cualquier usuario de Internet puede verlas en la red, o adquirir el libro “Actas de los mártires cristianos”.


Ante estos acontecimientos, con el tiempo, se produce un sisma dentro de la Iglesia ya que una gran parte de la iglesia cristiana no acepto ser la religión oficial del estado y se mantuvieron alejados de esta situación y en Constantinopla nace lo que ahora conocemos como la iglesia ortodoxa.


Romanos 13:12 "La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz"