La palabra de Dios, dice que donde abundo el pecado, sobre abundo la gracia y esa ha sido mi experiencia en los 20 años que llevo entrando en las cárceles.


Por mi servicio a Dios, he tenido que vivir en varias ciudades de España, y una de las cosas que primero he hecho al establecerme en el ministerio en la obra de Dios, ha sido la asistencia a la prisión, donde Dios me ha dado la oportunidad de hablar del amor de Dios, a cientos de personas privadas de libertad, por diferentes delitos, y así es como he podido caminar, por el interior de diferentes cárceles, andando por pasillos, módulos, patios, aulas, salones de actos, capillas, talleres ocupacionales, módulos de enfermería y hasta celdas, módulos de aislamiento, etc.
Recordando las palabras de Deuteronomio 11:24, “todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro” y confiando en esta promesa orando y tomando autoridad desde dentro de la cárcel, pidiendo al Señor, que me entregara las almas de aquellos hombres, para llevarlas a Cristo y que la palabra de Dios que no está presa corriera por los módulos y glorificara a Cristo.
Siendo la primera cárcel, la de mujeres en Brieva (Ávila) donde hicimos un concierto de música cristiana y pude dar testimonio de cómo Dios me libro de estar preso en las drogas, de ahí fue el trampolín que me iniciaba en este ministerio, que tan emocionantemente me cautivo, de ahí pase al C.P. de Segovia, Alcalá Meco (Madrid II) preventivos, Navalcarnero, Nanclares de la Oca (Vitoria), C.P. Logroño, El Dueso (Santander), la provincial de Santander, villabona (Asturias), C.P. Teixeiro y Monterroso (Galicia).
En todos estos años he podido ver como la gracia de Dios se ha manifestado de una forma especial, pudiendo así, obedecer el mandato del Señor Jesucristo, de visitar a los presos; hebreos 10:34 – 13:3, mateo 25:36 (el juicio a las naciones)
Muchas han sido las pruebas y situaciones, que no han hecho sino afirmar la Fe de que Dios es poderoso y puede transformar cualquier corazón por duro que sea y saber que el trabajo nunca es en vano.
Pudiendo dar testimonio tanto a directores como a funcionarios, así como a presos pues todos compartimos la misma necesidad de conocer a Dios, por causa de nuestra naturaleza caída y pecaminosa, todavía recuerdo en cierta ocasión en uno de los penales que cambiaron a subdirector de seguridad y con este cambio cambiaron también algunas normas, como prohibir acercarse a las ventanas del patio a menos de un metro, prohibir las cintas de casset que no fueran transparentes, etc.
Esto provoco una reacción en cadena de los internos pues veían restringidos algunos de sus privilegios, en ese penal yo reunía a los internos de diferentes módulos en el salón de actos, según iban llegando de los diferentes módulos nos íbamos saludando etc., pero ese día solo venían hablando de las normas nuevas, la cosa fue subiendo de tono y yo tenía que empezar la reunión pero veía que el diablo estaba tomando ventaja, y por un momento pensé estos se me amotinan hoy aquí, Señor que hago, pensaba, a la vez que oraba, y Dios me dio en ese momento una palabra que se encuentra en efesios 6:12 donde dice que no tenemos lucha contra las personas (carne ni sangre), sino que la lucha es espiritual(huestes de maldad en las regiones celestes), y así por la gracia de Dios, pude hacerles entender que la guerra no era con el director de la prisión, ni con los funcionarios, que hay un mundo espiritual que no vemos con los ojos de la cara, pero que es tan real, que se puede sentir.
Que el enemigo de las almas está empeñado en hacernos caer en lo más bajo, caer en desesperación, y que no tengamos Fe, que nos odiemos unos a otros, buscando competir a ver quién es el más fuerte ó poderoso y así vivir sintiendo el desprecio de y hacia nuestro prójimo.
Para concluir esta anécdota al marchar de aquella reunión, le entregue las llaves al funcionario, y los internos se despidieron unos de otros con saludos y abrazos en el pasillo desde donde están las puertas que llevan a los diferentes módulos, y pude ver la cara de asombro del funcionario mirándome, como diciendo que les ha hecho este.
Sabiendo él, en qué condiciones llegaron a la reunión, y de qué manera tan pacifica, marcharon con alegría y paz después de haber escuchado la palabra de Dios.
En otras ocasiones hemos sido estorbados, por el enemigo impidiéndonos hacer las reuniones con los internos en los lugares apropiados para ello, intentando desanimarnos, teniendo que hacer la reunión en un pasillo de pie, o en el mismo patio, haciéndolo con gozo, al ver la necesidad de tantas personas ajenas al amor de Dios, y tener en mi mente la imagen de unos pajarillos en el nido con sus bocas abiertas, esperando que su madre los alimente.
E tenido tantas veces esta experiencia de hambre de la palabra de Dios, en un grupo de presos, que me ha llevado a la tristeza, ver la indiferencia, con la que muchos están ante esta misma palabra en un culto en la iglesia.
E tenido el testimonio de presos, que experimentaron la visita de Dios a sus vidas en la soledad de la celda, sintiendo el gozo de conocer la verdad, y que esta verdad les haga libres, me lleno tanto de alegría una carta de un hermano que ya partió con el Señor, que me decía en su carta que los momentos más felices de su vida, los había pasado en una celda con una biblia entre las manos, el cual pude conocer a través de verlo en el patio por una ventana a la hora de mi salida a la calle, mientras que esperaba que el funcionario me abriera la puerta, abrí la ventana y lo salude, le dije de donde era y a que venía yo a la prisión, que si quería que nos conociéramos mejor que me diera su nombre para apuntarlo en la lista.
Entre las cosas de las que hablamos me dijo que él no tenía paz, a lo que yo le respondí, yo conozco a alguien que te puede dar la paz que tú buscas, mira la semana que viene te llamo y hablamos, y así fue como, a la semana siguiente asistió por primera vez a escuchar lo que Dios tenía que decirle, desde aquel día siguió saliendo a todas las reuniones, y pudo tener un encuentro con Dios, que marco su vida, al tiempo le invitaba a que nos compartiera algo de lo que Dios le había hablado en la semana, pues yo veía que tenia de Dios para dar.
Este hermano tenía cáncer y el no lo sabía, pero Dios ya lo estaba preparando para hacer de él su hijo y llevárselo con El. 
Pude comprender como Dios trabaja, y que nada es por casualidad, que Dios ya lo había escogido y que nuestro encuentro a través de la ventana, entraba dentro de los planes de Dios.
Ver como Dios cambia los corazones, este hombre salió en libertad, se reconcilio con su familia, pidió perdón por sus errores, conoció su enfermedad y al poco tiempo murió, pero se marcho de este mundo con la paz, que nunca en su vida pudo tener y jamás imagino que pudiera existir.
Así que estas son algunas de las aventuras que he vivido, de este mandato de Dios a su pueblo de acordarse de los presos y en obediencia a esta palabra, ir a darme por ellos, pero a su vez salir con la sensación de haber recibido yo en lugar de ellos, que son muchas las veces que me ha pillado la hora del recuento y todavía estar en el patio, teniendo que decir al funcionario que le sobra uno.
Ministrando a las personas, aconsejando, orando etc. Por eso quiero animar a que podamos participar de este ministerio tan hermoso, que estemos dispuestos a ir a los módulos donde no quiere ir nadie, con la Fe de que Dios puede hacer su obra en cualquier persona, si yo he podido cambiar, cualquiera puede, sabiendo que es por su gracia. RAIMUNDO FRANCÉS