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“1.El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; 2.a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; 3.a ordenar que a los afligidos de Sión se les de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. 4.reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.”

En la mayoría de las profecías de Isaías hay un sentido primario y uno secundario, o un asunto remoto es ilustrado por uno más cercano. La liberación de los judíos de su cautividad de Babilonia se emplea constantemente para simbolizar la salvación de los hombres por Jesucristo. Es evidente, según podemos apreciar en las sagradas escrituras que esta es una profecía de nuestro bienaventurado Señor y su predicación; y sin embargo, en primer término se refiere a la predicación de las nuevas nuevas de la liberación de los judíos por Isaías.
Isaías proclama la libertad, no solamente de las prisiones carcelarias, sino toda clase de libertad que traería Jesucristo a la nueva vida de redención completa.
La proclamación de libertad perfecta a los cautivos y el año agradable de Jehová, es una alusión manifiesta a la proclamación del año del jubileo a son de trompeta (Levítico 25:9). Este era un año de cancelación de deudas y obligaciones, de liberación de esclavos y esclavas, de tierras y posesiones que hubieran sido vendidas por las familias y tribus a las que pertenecían.
Isaías proclama, impartir alegría a los afligidos de Sión, gloria en lugar de ceniza, una hermosa corona en lugar de cenizas, cabe recordar que en tiempos de luto los judíos se vestían con ropas humildes y esparcían sobre sus cabezas polvo y ceniza, y por el contrario vestidos esplendidos y ungüentos sobre la cabeza eran señales de alegría.
Isaías ilustra esta profecía, mencionándolos con su condición floreciente y mostrándolos como árboles plantados por Dios. Ésta es una promesa de la restauración del pueblo judío.
Es un claro anuncio de su profecía, que los gentiles les predicarían primero la salvación de Cristo, y alimentarán con el conocimiento divino a las congregaciones judías; anticipo del ministerio sanador de Jesucristo como ungido de Dios, la consagración de ser separados para esa gran obra que el Espíritu Santo llevaría a cabo a todas las naciones.

Dios los bendiga.